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Nuevas miradas para el cine español

Silvia Abascal: “Nunca he pensado en una retirada”

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Ángel Caballero/Mira a cámara
Narciso Ibáñez Serrador le dio su primera oportunidad en el programa 1, 2,3 y apenas dos años después se puso a las órdenes de Manolo Iborra en Pepa y Pepe. El cine llamó a su puerta con El tiempo de la felicidad
y desde entonces no ha parado de trabajar en películas tan importantes como: El Lobo, Vida y Color o La Dama boba, por la que obtuvo su tercera nominación al Goya. Silvia Abascal, acaba de finalizar la gira teatral de Días de vino y rosas, junto a Carmelo Gómez, y ha estrenado La Herencia de Valdemar.

Mira a cámara: ¿Cómo preparas tus personajes?
Silvia Abascal: Depende de cómo sea, algunos implican mucho trabajo de observación, documentación, y estudio. Otros parten de algo más intuitivo, más cercano o impulsivo. Mi escuela, el estudio de Corazza, me parece el espacio perfecto para investigar y probar, para perderme y encontrarme.
M.a.c: ¿Cuál ha sido el personaje que más te ha costado defender?
S.A: Soy incapaz de quedarme con uno. En este oficio, lo bello y arriesgado es que cada nuevo trabajo significa una aventura distinta. Tengo muy presente, ahora, el de Sandra (Días de Vino y Rosas) porque acabo de terminar la gira. Su compleja personalidad, su dependencia absoluta del alcohol, su pérdida de dignidad, su bajada a los infiernos… fue todo un viaje.
M.a.c: ¿Qué ha supuesto para ti esta obra?
S.A: Ha sido uno de los trabajos más importantes en mi camino teatral. Carmelo y yo hemos trabajado siendo uno. Nos hemos sumergido al límite en el amor y en el dolor de una pareja alcohólica. Una gira intensísima, salvaje y el teatro lleno todos los días. Uno de los mejores regalos de esta gira, ha sido la compañía técnica. Nunca he tenido una igual.
M.a.c: ¿Qué tienes que encontrar en un guión para enamorarte?
S.A: Me gustan las diferencias, los contrastes, y los retos. Mi ilusión no sólo se basa o se centra en mi personaje. Puede que me ilusione el equipo con el que voy a trabajar (técnico o artístico), puede que sea el género, el medio, o su temática.
M.a.c: ¿Cómo recuerdas la primera vez que te viste en televisión?
S.A: Eso si que supuso un mal trago (risas) Mi primer trabajo fue en la tv, en el 1,2,3. Si ya es difícil o extraño escuchar tu voz en una cinta de audio, imagínate cuando ves también tu imagen. Necesito que pase el tiempo para observar y disfrutar los trabajos con un poco de objetividad.
M.a.c: ¿Y tu primer trabajo en cine?
S.A: Fue El tiempo de la felicidad. Recuerdo el cartel en la fachada del cine y ver el trabajo de todos mis compañeros en pantalla grande. En esa película escuché por primera vez el “cinco y acción” y el sonido de una claqueta, antes de abrir y cerrar el plano. Guardo recuerdos fantásticos de ese proyecto y de aquel equipo.
M.a.c: Dicen que esta profesión tiene poco memoria y que olvida a los actores con mucha rapidez. ¿Tú qué crees?
S.A: A los actores puede, pero cuando te emociona algo, te revuelve, cuando por lo que sea te toca dentro una palabra, una mirada, una secuencia, un silencio en una función… El recuerdo de esa sensación no se olvida, permanece.
M.a.c: ¿Suena mejor el aplauso del púbico o el de la crítica?
S.A: El de la crítica se agradece mucho. Pero el calor y energía que tiene un aplauso sincero e intenso que escuchas en el teatro, cuando estas encima del escenario… No hay nada comparable.
M.a.c: Has trabajado con grandes profesionales ¿De quién has aprendido más?
S.A: De cada uno de ellos he aprendido cosas diferentes. He tenido la suerte de trabajar con actores y compañeros muy grandes como: Blanca Portillo, Roberto Enríquez, Eduard Fernández, Rosa María Sardá, o Vicky Peña.
M.a.c: ¿Crees que ayuda tener un padrino en esta profesión?
S.A: Nunca he tenido un padrino. Pero sí hubo una persona que me dio mi primera oportunidad cuando no tenía ningún tipo de experiencia, Narciso Ibáñez Serrador. Me hizo el casting más largo e intenso que he hecho y confió en mí desde entonces.
M.a.c: ¿En algún momento has pensado en tirar la toalla?
S.A: He tenido momentos bajos o en los que he estado más vulnerable, pero nunca he pensado en una retirada. Respeto y quiero mucho este oficio, con toda su dificultad y su belleza.
M.a.c: ¿Merece la pena seguir luchando por estar al pie del cañón?
S.A: Sí, porque es una profesión en la que si eres curioso puedes aprender muchas cosas y muy diferentes. Meterte en otras mentes y otros cuerpos, hace que no juzgues, te acerca a la tolerancia y te amplía horizontes. Pienso que el arte en cualquiera de sus ramas es una comunicación, una emoción, un tocar y revolver dentro de las cabezas, latidos y estómagos.

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Written by miradaacamara

18 febrero, 2010 a 5:58 pm

Publicado en Actualidad

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